Lapsus 2018

Lapsus celebra su quinto aniversario entre mitos y vanguardia

Textos & Fotos: Alexis Piédrola y Raquel Borron

Tras un año de inevitable ausencia por los mundos Lapsus, regresábamos de nuevo al festival para celebrar su quinta edición que tuvo lugar los días 6 y 7 de abril en el CCCB. En esta ocasión, el cartel se presentaba entre mitos y artistas de vanguardia que convertían la utopía en realidad. Dos días de música entre bambalinas y un público variopinto y pacífico de dispares edades y pensamientos. El jueves era de vital importancia la puntualidad para no perderse la entrada en el escenario del Teatro (sala principal) del octogenario compositor alemán Hans-Joachim Roedelius. Artista autodidacta que lleva activo desde 1968 como creador de kautrock, ambient y música exprimental, y que fue componente de los grupos Cluster y Harmonia.

Así lo hicimos, llegamos antes de la apertura de puertas, y tras algunas vueltas sobre nosotros mismos, conseguimos descifrar que en esta ocasión accederíamos por otro lugar. En los minutos previos pudimos observar entre el público algunos melómanos que ya hacían girar sus tocadiscos cuando aún nosotros no éramos ni un simple proyecto de vida en la Tierra. Ambiente familiar y mucha calma para comenzar la jornada musical. Nos colocaron la pulsera de prensa y ya en Hall dejamos los abrigos y nos acercamos a la barra para coger una bebida y comprobar las ofertas de comida que tenían. Además también se podían adquirir algunas prendas del subsello de Lapsus: C.E.E. (Club de Excursionistas de la Electrónica) y más al fondo el stand de Microfusa mostraba algunas de sus máquinas más actuales.

Se acercaba la hora y subimos al Teatro y pudimos conseguir algunos de los puff que ocupaban la moqueta del acogedor espacio. Llegó el momento más esperado y el mítico Roedelius hizo su aparición en el escenario, dedico unos unas palabras en apoyo a Catalunya y cedió la palabra a un colaborador que leyó una carta que él había escrito, narrando algunos detalles de su vida y de su arte. Con semblante jovial y tranquilo tras su ordenador y varios teclados y maquinitas, el artista alemán nos ofreció un más que aceptable live de ambient cargado de emociones y sabiduría. Máximo respeto y aplausos de corazón por la presentación del espectáculo “En este instante”. Solo Lapsus puede hacer posible lo imposible, y la apertura del festival fue clara muestra de ello. A las nueve y cuarenta y cinco se subía al escenario el norteamericano Craig Leon. Artífice del sonido punk y afamado productor de grandes grupos y cantantes del pasado: Los Ramones, Blondie y Luciano Pavarotti entre otros.

El músico afincado en Inglaterra desde hace años y que visitaba Barcelona para presentar sus álbums Nommos y Kanon acompañado de las visuales Anthology of Planetary Folk Music ya estaba en faena cuando llegamos de tomar aire y algunos alimentos. Esta actuación era otra declaración de intenciones lanzada por los organizadores del festival, aunque en este caso, nos faltó continuidad en el directo, y pudimos observar perdidas de control en el sonido; solo algunos detalles evidentes de brillantez nos mostraron al más que consagrado personaje que teníamos ante nosotros. Poco después de las once presentaba su explosivo y paródico directo el dúo hispano-noruego experimental N.M.O. Para sorpresa de los asistentes que permanecían en el Teatro, todas las máquinas fueron situadas en una mesa a la altura del público. Puesta en escena peculiar, buen sonido y paseos random por la sala grabando sonidos a golpe de baqueta para más tarde samplearlos y reventar el escenario con su fluxus techno, sus luces intermitentes y sus marchas militares y aeróbicas para reinvertir el absurdo y ofrecer una experiencia diferente y de estridencias más que originales.

Para gustos fusiones pensábamos entre flash y flash, pero es evidente que a esta pareja no le faltarán actuaciones en los próximos años, ya que han sabido entender a la perfección que la humanidad ha perdido el rumbo desde hace, quizás ya, bastantes siglos. Aún quedaban cinco horas en Laut con withies showcase: Minor Science (dj) + Tasker (dj).

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Comenzaba el segundo capítulo del quinto libro que escribía Lapsus Festival en Barcelona. El sábado las actividades comenzaban a las cinco y se duplicaban, ya que en la sala Raval del CCCB con entrada directa desde el Hall principal, el sello Modern Obscure Music presentaba “Voyage to the End of the World” y se disponía a completar tres horas y cuarenta y cinco minutos de la música y el estilo que quiere plasmar el sello de Sau Poler y Pedro Vian.

Hicimos una breve aparición en la sala para presenciar el proyecto de uno de los directores de orquesta de la etiqueta: Pedro Vian, que presentaba un nuevo show como Island in the Sun (Hybrid set), las buenas vibraciones comenzaban a despegar, aunque nosotros fuimos incapaces de ausentarnos de las actuaciones de la sala principal, y no pudimos presenciar el resto de shows de MOM, aunque por lo que nos cuentan algunos “pajarillos”, la tarde-noche estuvo bien animada por “El Raval” de Lapsus. La ascensión por las escaleras mecánicas no tenía vuelta atrás, y el live coding (una disciplina que mezcla el arte con la programación informática) del japonés Renick Bell tenía la llave del Teatro para la tarde del sábado. Algoritmos, un sonido contundente, ritmos aleatorios y mensajes que mantenían la atención de los oyentes al 200%. Original y no apto para mentes sensibles. La tarde empezaba con una más que notable actuación.

Tras una visita de avituallamiento llegó la primera gran sorpresa del festival. RRUCCULLA apareció en el escenario como un soplo de aire fresco digital canalizado a través de una batería; su juventud y su saber estar en el escenario no dejaron de obnubilarnos durante toda la actuación de la artista de Barakaldo. Música marciana, fusión de estilos electrónicos, sus propias visuales y ritmos percusivos en directo para cerrar varios de los temas con los que nos deleitó. Un gran futuro por delante para la primera fémina de la jornada. Los grandes sellos están ausentes, pero no tardarán mucho en descubrirla. ¿Quién será el “primero”?, ¿quizás Paradinas?…

Sin tiempo para asimilar, llegó lo que para nosotros fue la actuación cumbre del festival. Poco conocíamos de Gacha Bakrazde la semana anterior, pero el productor georgiano acompañado de las explosivas visuales del sobresaliente video artista ID: MORA se encargó de marcarnos para siempre con un directo de alto nivel en el que su control del sonido y del espacio fue inmejorable. Paisajes sonoros: ambient, noise, IDM… música experimental producida con la heroica intención de hacernos volar sin movernos del Teatro. La tarde avanzaba desmontando la definición de la RAE que define el tiempo como magnitud absoluta. Y fue entre relatividades y algunas cervezas cuando llegó la hora de Photay. Su alabado álbum ‘Onism’ que tan buena crítica ha obtenido y que tanto nos apasiona se disipó en el escenario. El artista americano que tan bien maneja la fusión entre lo digital y lo analógico y las percusiones polirítmicas no se hizo con la sala a pesar del apoyo del público. Le faltó contundencia al sonido, y la presentación del directo en canciones sin hilo conductor, evitaron que pudiéramos dar el salto a esa dimensión musical que tanto nos gusta. No obstante, el público lo paso muy bien y comenzaron los primeros bailes sabrosones de la jornada.

Llegaba uno de las actuaciones más esperadas de la tarde noche del sábado, los hermanos italianos D’Arcangelo, productores de IDM desde los años 90’ que debutaron en el desaparecido sello Rephlex de Aphex Twin y Grant Wilson, pisaban el escenario, y por supuesto el baile y los ojos cerrados se apoderaron del teatro del CCCB. Ritmos rotos y música experimental que nos hicieron viajar a ese pasado soñado por muchos dos décadas después. Todo estaba bajo control y el live se aproximaba al tramo final prometiendo una despedida mágica, pero fue entonces cuando algún fallo en el sonido provocó que los hermanos perdieran su fluidez y acabaran el directo con algunos problemas en sus transiciones. Incluso con los imprevistos finales, un concierto muy aceptable y un recuerdo inolvidable para los nostálgicos de los tempos y el crujir del siglo anterior. Era el turno de Deena Abdelwahed y con la artista tunecina a los mandos del barco, la sensualidad y los ritmos étnicos disiparon las burbujas introspectivas que flotaban en el ambiente, y comenzó la recta final de la quinta edición de Lapsus festival. Bailes de equilibristas y brazos al aire de gran parte del público se ocuparon de acompañar la voz y el groove de la actuación más sensible de la jornada. Una apuesta muy personal y con un magnífico resultado final.

¡La hora elegida! Lee Gamble lleva unos años siendo nuestro chamán en este disperso mundo de la música electrónica, le esperábamos ávidos de ondas corrosivas e irrespetuosas para nuestras mentes, pero el retraso en su comienzo, y su precoz desenlace, nos quedaron frente a un lienzo incompleto. Esas esculturas sonoras moldeables de las que hablaba el artista inglés en su entrevista para TIU magazine, se esfumaron entre pequeñas pinceladas experimentales (eso si, con un sonido bestial), y su siempre personal adaptación de un marcado sonido rave, que no fue suficiente para mecer la pista con fe. En esta ocasión, su genialidad y carisma, no saciaron las inquietudes de los oyentes que aún permanecían en el Teatro después de más de seis horas de música. Treinta minutos de actuación que solo llegaron para un aprobado raspado. Entre preguntas, respuestas y opiniones basadas en el objeto, dejamos de lado la incomprensión por la fugaz aparición del genio inglés, y nos dispusimos a presenciar el cierre del festival en el CCCB, ya que de nuevo la noche acabaría en Laut para los más aventureros. La artista barcelonesa TUTU, bien conocida por sus magistrales selecciones musicales y su peculiar forma de ecualizar en escena y de cerrar pistas en los últimos años, se encontraba ante su primer b2b, y era el americano Philip Sherburne el encargado de acompañarla. Tras la brillante intro de TUTU y algunos temas que nos ponían de nuevo en actividad corporal, apareció el americano, y el asunto pareció no fluir, nos faltó conexión, y decidimos respirar profundo y saborear nuestra intimista experiencia de dos días, en un festival que sigue adelante, con una marcada seña de identidad: paz y música para calmar a la fieras.

Nos vemos el curso que viene, para seguir descubriendo artistas entre mitos y vanguardias.

 

 

 

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